FUEGO DEL ALMA, FUEGO DEL SER
- María Camila Morales Rivas
- 20 nov 2020
- 2 Min. de lectura
Autor: María Camila Morales Rivas

Un lugar mágico, Andalasia, era su nombre,
apodado como el Reino de los Talentos,
donde todos eran mágicos hombres.
Tierra, agua y aire eran los elementos
que, en aquel lugar, según su habilidad,
todos poseían como talentos,
era su deber descubrir por cuál se inclinaba su ser.
Falta un elemento, pero peligroso éste era llamado,
el fuego prohibido estaba, para cualquier ciudadano,
es por esto que, como talento quedó cancelado,
y nunca se conoció alguien que lo tuviera en su mano.
Allí en Andalasia, vivía una joven
ya en la edad de descubrir su talento noble,
practicaba con tierra, agua y aire,
pero ninguno parecía estar a su alcance.
Se preguntaba qué habría hecho mal para no tener ningún talento,
¿acaso le faltaba intelecto?
O, tal vez, no era lo suficiente para ser como los demás,
y por eso no era capaz.
Cuánto la lastimaba,
pues lo que más anhelaba,
era ser como los andalasios,
que un elemento controlaban.
Ya con las esperanzas perdidas,
un buen día se topó con la maestra aire,
muy afligida, le contó porque sufría,
a lo que ésta le respondió que sabía cómo sanar su dolor.
La llevó al lago de los pensamientos,
y le dijo que su reflejo observara y no se desconcentrara,
fue ahí cuando de la nada, el lago la absorbió y la llevo al Mahana,
el lugar donde solo lo más auténticos logran llegar.
En ese callado lugar, encontró un collar
que le mostró como debía actuar,
tuvo una visión,
entendió su verdadera misión,
y justo ahí sintió en su interior cómo el fuego rogaba
por soltar su llamarada.
No temía, se sentía segura,
salió del agua y sin planearlo,
el fuego salió de su mano,
luego de su pecho, de su cabeza y de sus pies,
el mundo para ella ya no estaba al revés.
Perfeccionó su talento, y lo mostró con orgullo,
aprendió a amarse y a enseñar que hasta en lo más particular,
belleza se puede encontrar,
pues para descubrir su ser,
los demás, relevancia no deben tener.





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