EL CUERPO COMO OBJETO DE DESEO
- Tatiana Cardona
- 3 sept 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 16 sept 2020
Autor: Tatiana Cardona
“El cuerpo se encuentra aquí en situación de instrumento o de intermediario; si se interviene sobre él encerrándolo o haciéndolo trabajar, es para privar al individuo de una libertad considerada a la vez como un derecho y un bien”. (M. Foucault)
Este escrito se centra en dos ideas fundamentales, para de allí pasar quizá a otro plano; La primera de ellas gira en torno a la idea del cuerpo en tanto capitalismo y la segunda el cuerpo como objeto de poder.
Durante ya bastante tiempo el capitalismo nos ha invitado a pensar que mostrar las curvas, los músculos, y en definitiva el cuerpo, hace magníficas las ventas… El marketing.
La sociedad de consumo nos invita a hacer del cuerpo un objeto digno de desear, sin notarlo quizá muchos ofertamos nuestro cuerpo, pues la oferta del mismo nos posibilita “ser” en un entorno social, en palabras de Gabriela del Valle
“A lo largo de la historia, pero sobre todo en el contexto del capitalismo, el cuerpo ha sido y es el nudo gordiano de las relaciones sociales, no sólo en cuanto fuerza de trabajo, sino también en tanto ámbito de las capacidades de apropiación/expropiación sensoriales del mundo. Es decir, el sujeto definido corporalmente no sólo hace, sino también siente, y en ese sentir haciendo se vuelve más o menos capaz de apropiarse o no, del mundo”. (2006)
El cuerpo entendido desde esta primera idea, no solo es objeto de deseo en tanto poder adquisitivo sino, además es configurado a propósito de lo corpóreo como un ser animado que, por su estructura anatómica y por su inevitable capacidad de pensar, tiene la posibilidad de venderse ante el mundo, con su fuerza de trabajo, la cual se suscita a propósito de muchas enunciaciones como aquella necesaria y vital para poder sobrevivir, así las cosas, el cuerpo es lo más parecido a una máquina, que necesita de acciones básicas para funcionar, en palabras Deleuze;
“Ello funciona en todas partes, bien sin parar, bien discontinuo. Ello respira, ello se calienta, ello come. Ello caga, ello besa” (1974)
Máquinas funcionales, que por demás necesitamos ser desarraigadas de nosotras mismas, vendernos, fusionarnos con otras y otros, en tanto esos otros nos permiten ser los mejores postores y por ende con mayor vehemencia, vender nuestro cuerpo ya expropiado, enajenado.
La corporeidad en esta primera idea se reduce entonces a la fuerza de trabajo a las relaciones funcionales que cumplimos en el día a día, se vuelve entonces inevitable no pensar en el primer corto de la trilogía Food, de Jan Svankmajer, quien a través de la técnica Stop Motion, y del corto breakfast del año 1992, nos muestra como el cuerpo puede ser reducido a una máquina, que busca por todos los medios posibles satisfacer su necesidad de comer y trabajar, en vueltos en una aparente línea cíclica en la que todos esperamos a consumir y ser consumidos. Por lo anterior, invitó a quienes leen este artículo a ver el cortometraje en mención y a pensar ¿Cuál es el papel del cuerpo?
Aquí y en este primer momento de la reflexión me pregunto: ¿Cuál es la funcionalidad de un cuerpo, que aún animado y dotado de razón busca incansablemente: consumir y ser consumido?
Por otro lado, la segunda idea gira en torno al cuerpo en tanto relaciones de poder, para este momento me permitiré citar con el mayor tacto posible a M. Foucault.
El cuerpo, a propósito de una aproximación a este autor, es aquí un objeto, y su finalidad o meta es la normalización, en este escenario, que surge a principios del siglo XVIII, fungen en la escena normalizadores y normalizados, aquí no cabe duda de que quienes pasan por las tablas del escenario están a corte de las normas; funcionan, legalizados, normalizados, e incluso normalizando sus pasiones y sus deseos, ya nos enunciaba Foucault:
“Ha habido, en el curso de la edad clásica, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican” (2010)
Quienes actúan en esta obra macabra, saben que el papel que les toca cumplir es por consenso general el de una estrategia de poder, que configura cada una de sus hazañas y mejores actuaciones al develo político: la disciplina es la anfitriona de esta obra y con ella, nuevamente volviendo a Foucault y la obra vigilar y castigar:
“El momento histórico de la disciplina es el momento en que nace un arte del cuerpo humano, que no tiende únicamente al aumento de sus habilidades, ni tampoco a hacer más pesada su sujeción, sino a la formación de un vínculo que, en el mismo mecanismo, lo hace tanto más obediente cuanto más útil, y al revés. Formase entonces una política de las coerciones que constituyen un trabajo sobre el cuerpo, una manipulación calculada de sus elementos, de sus gestos, de sus comportamientos. El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone. Una "anatomía política", que es igualmente una "mecánica del poder", está naciendo; define cómo se puede hacer presa en el cuerpo de los demás, no simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina” (2010)
Así las cosas, en este escenario y obra como mencionaba macabra, el cuerpo se desarticula, cumple sus deseos más bajos pensando que son reprimidos o ilegales, siendo aún incluso parte de la normalización, el cuerpo y con ello su corporeidad, ya no actúa más que bajo una disciplina que lo enuncia, lo posibilita y lo reprime, el cuerpo ya no es consiente en dicha actuación de cuando actúa y cuando quizá es el mismo. Pues ahora su mejor presentación es convertirse en un ser útil en la sociedad, no olvidemos que la anfitriona es la disciplina y su mejor aliado las relaciones de poder.
Entre tanto, las actuaciones no solo están determinadas por lo dicho sino, además: por las “aptitudes” y “capacidades” que el hombre en tanto cuerpo debe mostrar pues de este modo es útil o inútil.
En este segundo momento de la reflexión me pregunto: ¿Cuántas veces el cuerpo actúa frente a la anfitriona, de modo tal que ni siquiera percibe cuando deja de ser, esto si en algún momento fue?
Por último, y por ende a propósito de lo enunciado, mi cuerpo clama por justicia una en la que pueda dormir y soñar, otra en la que pueda ser partícipe de la obra sin actuaciones, otra o quizá la misma en la que pueda amar aun sin ser amado, una más, en la que nuestro deseo pueda ser realmente deseo, y no sea uno configurado por las hipócritas relaciones de política, de poder o de fuerza de trabajo, quiero con tanto ímpetu, lo que se enuncia en el siguiente poema de P. Bonnett, titulado Duermevela
“Antes de que lleguen los sueños donde espero soñarte viene al galope el oscuro tropel de los deseos. Como musgo que nace de la piedra del olor de mi piel nace tu piel y de mi pecho surge tu latido. Conjura mi deseo tu cuerpo hecho de sombra y en mi boca tu boca siembra un río. La noche es hoy tan negra y silenciosa como debió de ser esa otra noche cuando el viento de Dios aleteaba sobre las aguas y el mundo era caos. Y mientras de mi ardor se alza tu carne puedo sentir también todo cuanto contiene mi cuerpo, el palpitante mecanismo que algunos llaman vida: la sangre que golpea, el fuego de la médula, los sordos procesos de mi rígido engranaje. Todo allí lentamente se desgasta; su marcha fatigada puedo oír esta noche, el murmullo inocente de sus ritmos secretos. Por un instante aún el deseo persiste en ser deseo. Pero la noche ahora es hueca como un cuenco y el pálpito en mis sienes, su tic tac incesante, llama al miedo”
En este último espacio de mi vaga reflexión, no solo clamo por soñar sino además por reivindicar si es que alguna vez lo fue, el papel del cuerpo no como objeto de deseo sino como deseo en sí mismo, por alguna razón desligado de su realidad física, medible y tangible. En otras palabras, un cuerpo que se des configure como máquina, y se reivindique como parte vital del ser, en ese sentido no sólo hablaríamos de una suerte de engranaje sino en específico de una fusión perpetua, trágica, fuerte, desgarradora y sobre todo bella.
Lista de Referencias:
SCRIBANO Arián y FIGARI Carlos (Compiladores). Cuerpo(s), Subjetividad(es) y Conflicto(s). Hacia una sociología de los cuerpos y las emociones desde Latinoamérica. Buenos Aires, Ediciones Ciccus, 2009.
G. Deleuze., F. Guattari. El AntiEdipo (Capitalismo y esquizofrenia). Trad. José Vásquez Pérez. Madrid, España. Editorial; Pre-Texto, 2006
M. Foucault. Vigilar y castiga, nacimiento de la prisión. Trad. Aurelio Garzón del camino. México. Editorial Siglo XXI.
P. Bonnet. Nadie en casa. Colombia. Editorial Universidad externado. 2006, recuperado de: https://www.uexternado.edu.co/wp-content/uploads/2017/01/20-nadieCasa-PiedadBonnett.pdf








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